S.E.C.O
El cigarrillo encendido, y los dedos estirados marcan un nuevo encuentro entre mis ideas y el papel.
Un día lluvioso, frío en el cual la mayoría de la gente se dispone a disfrutar de los placeres hogareños, ya que afuera no les espera nada.
Yo, como siempre, decidí cambiar la historia e ir a buscar tranquilidad con la música de las gotas al caer. Primero opte por estar en mi cuarto, solo y tranquilo contemplando desde mi ventana. Luego el parque; mas tarde, la vereda. Y sin darme cuenta atar mis cordones y caminar por las calles húmedas y saturadas por el diluvio.
La exactitud de los puntos que se trazaron en el seco de la vida, delimitaron una recta entre mí y un anciano en la plaza central de la ciudad.
Si bien me suele suceder cada vez que camino solo por las calles y me cruzo con numerosas personas, dedico varias cuadras, caminos y en un caso como el de hoy, días enteros preguntándome si tendremos algún pasado en común que desconozcamos , el cual hizo que hoy nos cruzáramos. Y si es así
por que no detenerse hasta lograr avanzar en la historia de cada uno con el fin de llegar a este punto que nos unió hoy. Esta vez el anciano poseía algo muy especial y además éramos los únicos en esa plaza en un día tan lluvioso.
Me senté cómodamente en un banco, obviamente con un angulo perfecto para poder establecer un vínculo visual con el anciano. Llevaba puesto un pantalón de vestir marrón del tipo años 50 y tenía ceñido con esa especie de protector cuyo nombre desconozco, que funciona como un broche para sujetar el dobladillo del pantalón y así; no engancharse con la cadena de la bici, la cual era negra y se encontraba a una distancia de casi 10 metros. En el dorso tenia puesto un sobretodo gris topo, una camisa más amarilla que blanca y un pañuelo color marfil que contrastaba con las grietas de su piel. Su rostro expresaba demasiado cansancio, no hablo de ese cansancio de miércoles o lunes por la mañana o el cansancio de haber corrido 10 kilómetros sin parar. Era un cansancio metal, que le salía hasta por las orejas. Una orejas Ya húmedas por el roce de su largo pelo albino y empapadas por la caída libre de las gotas que colgaban de las hojas de los árboles.
En ese momento de tanto observarlo comencé a ver un movimiento en sus manos (las cuales para nada parecía sacar de sus bolsillos) y decidí acercarme. El anciano anticipando mi movimiento se paro, saco lápiz y papel y se dirigió corriendo hacia mi al grito de “ no te muevas!”, cuando ya su rostro se encontraba a un suspiro del mio .
Desde ese instante todo se volvió muy borroso y luminoso a la vez . Sus pupilas y sus manos eran más rápidas que el viento observándome . Me puse ansioso a tal punto que mi cabeza comenzó a moverse sin equilibrio y las gotas en mi boca no eran más insípidas, sino saladas por la transpiración del nerviosismo. Luego de un tiempo imposible de saber si fue un abismo o solo segundos el anciano me tomo del rostro y lo direccióno sobre sus ojos. “Te cuento “me dijo, en ese momento ni bien finalizo la palabra, toda una secuencia de imágenes entraba por mis ojos y se diseccionaba en mi cabeza, la lluvia comenzó a transformarse en tormenta y mi cuerpo en un maniquí. Las imágenes muy complejas para retenerlas todas estaban basadas en niños, juguetes, bicicletas, libros muchos libros, negro, luz, rojo, sonrisas, tristeza pero parecían desordenadas.
Lamentablemente (eso creo) un chico salió corriendo desde la vereda de enfrente abriéndose camino entre la calle que ya era lo mas parecido a un río y sujeto al anciano del brazo izquierdo sacándonos a el y a mí de ese estado. Era su nieto, quien preocupado parecía ya estar acostumbrado a buscar a su abuelo bajo la lluvia. Lo acerco hacia la bici y si marcharon mientras el niño tristemente exclamaba “nos preocupaste a todos otra vez, no se te puede dejar solo nunca los días de lluvia”.
Mi estado de nerviosismo , se transformo en una paz muy profunda, lo cual supongo que si hubiese alguien para observándome , le hubiera asejamado una estatua ya que estaba pálido, mojado y en el medio de una plaza. Reaccione y me dirigí hacia mi casa, en el trayecto me cruce a otras personas pero no sucedió lo mismo.
Al llegar, mi madre preocupada, me pregunto donde estuve y me abrazo fuerte debido a su angustia ( con esos abrazos de madre o de alguien que te ama en verdad y que son únicos) , yo preferí bañarme no comentar lo sucedido y acostarme en mi habitación a pensar con la lluvia .
La verdad hoy dudo que haya una manera lógica para calcular o delimitar el S.E.C.O pero si excite por favor comuníquenme, o no mejor no, si no rompería un nuevo punto en el S.E.C.O entre vos y yo ( con mi cigarrillo encendido y mis dedos estirados). El posible resultado de una recta formada por dos puntos amantes de la lluvia y la música de sus gotas.
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